120 latidos por minuto: La película que te lleva al interior de un movimiento

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"120 latidos por minuto", la favorita de muchos para que fuera la ganadora del certamen de la Palma de Oro en Cannes, simplemente por despertar un entusiasmo casi unánime. Ganadora del Premio del Jurado y seleccionada para representar a Francia en los Premios Oscar.

ACT-UP fue un grupo de acción directa que se fundó en Nueva York para llamar la atención, informar y concientizar a la sociedad sobre la pandemia del VIH/ sida y la gente que lo padecía. El término ACT-UP  además de ser un acrónimo (AIDS Coalition to Unleash Power) también refleja una forma de actuar; en inglés se refiere a algo así como un berrinche en público. 

Es importante mencionar que cuando se identificó el VIH y cuando este número empezó a crecer exponencialmente, hubo mucho miedo pero sobretodo desinformación sobre las formas de contagio; consecuentemente se crearon estigmas acerca de quiénes eran los portadores. Los gobiernos se negaban a reconocer el problema y no estimaron los recursos necesarios para la investigación médica; en aquel entonces era una total condena de muerte, hoy en día un seropositivo tiene acceso a medicamentos que lo hace vivir una vida prácticamente normal. 

"120 latidos por minuto" recrea las acciones del grupo ACT-UP en Paris de los años 90 en donde se intenta presionar al presidente de Francia de aquel entonces Francois Mitterrand para que atendiera el problema y creara políticas públicas para proteger a los enfermos de sida. Estos miembros llevaban a cabo acciones muy vistosas para poder informar de una manera efectiva y lograr su objetivo de impacto.

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Hacer el recuento de lo que se hizo en estos años de desinformación y de silencio, por supuesto tiene un valor histórico y social muy importante, pero hay muchas películas que tratan este tema ¿no creen?, ¿qué es lo que hace que "120 latidos por minuto" trascienda el solo recuento de los hechos? Fácil, la mirada del director; Robin Campillo y como trabaja el material. Sumerge al espectador en el interior del movimiento y lo hace diluyendo la división entre lo personal y lo político. No es una película donde se narra la lucha de unos activistas que están defendiendo una causa, más bien se enfoca en personas que están muriendo y están luchando por sobrevivir; este sentido de urgencia se comunica en cada una de las escenas.

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La razón principal de Robin Campillo y su co-guionista Philippe Mangeot es que fueron activistas de ACT-UP; además de que este director tiene un oído muy particular de llevar la realidad a la ficción y hacerla sentir como realidad. De hecho ya habíamos visto esta misma sensación de realidad cuando fue guionista de "La Clase" (2008, ganadora de la Palma De Oro) del director Laurent Cantet que retrata a un profesor que da clases a estudiantes con diversos orígenes culturales y cuyas sesiones se llevan a cabo discusiones muy acaloradas. En ocasiones el espectador puede pensar que varias escenas de "La Clase" fueron improvisadas cuando en realidad sólo es un buen trabajo de guión. 

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En la manera de narrar la tragedia, silencio y desinformación de "120 latidos por minuto", se nos permite ver cómo los miembros de esa organización vivían sus vidas con plena convicción, libertad y diversión a pesar de que sus vidas fueran cortas. Una manera de hacernos entrar a esta dimensión es narrando la relación íntima de Sean (uno de los fundadores de ACT-UP seropositivo que ya comienza a tener síntomas de la enfermedad) y de Nathan (un recién llegado que no está infectado por el virus pero que tiene afinidad con las causas que defiende la organización), llevándola hasta sus últimas consecuencias y en donde se juega la carta más poderosa de la película justamente porque Campillo se niega a ceder al chantaje sentimental, es decir, no vuelve dramáticas escenas que son indudablemente trágicas por si solas. En la conferencia de prensa en la que presentó esta película en Cannes, Campillo expresó que le había tocado vestir para su funeral a un novio suyo que murió a causa de SIDA, el director vivió en carne propia pérdidas devastadoras y sin embargo, las escenas en la película son tremendamente sobrias y contenidas, a la misma medida de ser conmovedoras y poderosas.

Lo que tiene "120 latidos por minuto" es sobretodo un enorme trabajo de guión y de dirección y no tanto un asunto de biografía, es decir, no es necesario vivir una experiencia para tener el derecho de recrearla, simplemente este proyecto está en la obligación de establecer un vínculo emocional y honesto con este tema.

No se la pierdan, todavía está disponible en la CINETECA NACIONAL y en algunas otras salas. 

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