Zama: un viaje de vuelta al virreinato

Nota por Billy Ortega - C de Cultura

Es raro encontrarse en cartelera una película dirigida por una mujer. Es raro encontrarse en cartelera una película de época en la que no se use pantalla verde. Lo más raro es encontrarse en cartelera una película que NO SEA GRINGA (o pretenda serlo).
Es una fortuna que de repente se exhiba en pantallas películas que cumplan con las características ‘raras’ que se mencionan anteriormente. Hace unos meses, Lucrecia Martel (cineasta argentina) estrenó Zama: adaptación de la novela homónima de Antonio di Benedetto.

Esta directora nos entrega una obra maestra o ‘brillante’ (considerada así por Diego Batlle, crítico argentino). Una interpretación histórica muy particular, llevada acabó con una maestría como sólo Lucrecia sabe hacer.

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Este tipo de joyas caen inesperadamente del cielo y son el tipo de películas que no se deben esperar, porque lo que se espera nunca llega. Zama habla precisamente de eso: la desesperanza que existe en la espera. La fantasía de una noticia que podría llegar, pero que no llega.
Diego de Zama es un funcionario público en el Virreinato del Rio de la Plata que trabaja en la frontera. Un mestizo letrado que está estancado en su puesto y espera recibir una carta del rey de España para poder ascender. En la espera se ve humillado por las tareas que le encargan los gobernadores en turno, mientras él permanece en el mismo lugar. Su hartazgo lo lleva a perderlo todo y tener que huir de la jurisdicción de la corona, juntándose a un grupo de soldados que buscan a un peligroso bandido logra huir a tierras lejanas. 

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Todos los aspectos de la película cuentan con una calidad y nivel de producción muy alto. Para empezar, la fotografía es impecable: la composición, los movimientos y el aprovechamiento de la luz son alucinantes. A la par está el diseño sonoro (juguetón y propositivo) y una buena dirección de actores. Igualmente los escenarios, el diseño de producción y vestuario son súper cuidados. Cada uno de estos elementos crea una ventana al pasado: un tiempo en el que la cosmovisión de uno es opuesta a la del otro, y la supervivencia (en el sentido literal) es la mayor preocupación de la gente. El tiempo de la película es colonial: aletargados y casi eternos, pero llenos de belleza. La percepción de los minutos y las horas en Zama son como ir de viaje a algún pueblo alejado de todo, en donde no hay contacto con el mundo contemporáneo. Hay contacto con indígenas, la naturaleza forma parte de lo ordinario, y hay un constante sentimiento místico/espiritual oculto.

Esta película es de esas que logran rebasar la distinción entre cine de autor (o cine de arte) y el comercial. Es una experiencia única que cualquiera que busque algo nuevo, diferente y de calidad en el cine. Es una película que tristemente pasa desadvertida, por debajo del radar de todos, sin embargo, ha sido reconocida a nivel mundial como una gran película. Tanto así que Sight & Sound (revista británica, una de las cuatro revistas de cine más importantes a nivel mundial) listó a Zama como la película #4 en su Best Films of 2017 (un puesto abajo de Call Me by Your Name).
 

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