22 de julio, una gran película de Netflix

22 de julio del director inglés Paul Greengrass (Saga de Bourne) llegó hace como un mes al repertorio de Netflix, su título hace referencia a los actos terroristas cometidos el 22 de julio del 2011 en Noruega. Sobra decir que todo acto terrorista es reprobable, pero esta específicamente tuvo la agravante que quién lo cometió fue un hombre que se hizo pasar por policía para ser transportado a una isla en la que se encontraba un grupo de jóvenes en un campamento de verano organizado por el primer ministro de Noruega. Breivik aquí abrió fuego y asesinó a decenas de personas. Un poquito antes había colocado una bomba afuera de las oficinas del primer ministro causando la muerte de ocho personas para después hacerse pasar por policía.

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Greengrass hace la recreación de este hecho basándose en el libro “Uno de los nuestros”, de la periodista noruega Åsne Seierstad; la adaptación cinematográfica tiene tributos que vale la pena comentar. Greengrass es un director que ha dedicado por lo menos tres películas a hablar de hechos terroristas, una de ellas es Capitán Phillips, en la que describe el secuestro de un barco de carga estadounidense por piratas, otra fue Vuelo 93 que hace alusión al vuelo de esa aerolínea que también fue secuestrado y derrumbado en su camino al Capitolio el día de los ataques a las Torres Gemelas.

El estilo casi documental de Greengrass sitúa al espectador muy dentro de la acción y muy dada a la naturaleza de las acciones que se representan aquí por lo que la experiencia se convierte en una situación bastante enervante. Esto ha llevado a muchos críticos y espectadores a preguntarse si esta estimulación sensorial de las películas de Paul Greengrass alrededor de hechos relacionados con terrorismo es una banalización de la tragedia y la convierte en espectáculo o si por el contrario es un antídoto necesario a la distancia con la que observamos estos hechos en su cobertura mediática, por más que los noticieros muestren imágenes duras o que nosotros comprendamos la dimensión de esta tragedia, el formato televisivo suele homogeneizar todos los contenidos y al día siguiente toma lugar de lo que había sucedido el día anterior. Este mismo debate ahora rodea a esta película ya que hay quienes se preguntan que para qué era necesario volver a recrear los hechos violentos de Noruega. Confieso que cuando vi la película me gustó, es decir no me pareció que hubiera una explotación gratuita de esta violencia, después leí estos cuestionamientos (que me parecen completamente legítimos), pero al analizar todos estos factores ver si la cinta aportaba una reflexión o simplemente era una maquinaria muy bien aceitada para generar emociones y debo decir que me pareció una película relevante que muestra la violencia con un origen muy concreto.

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Me parece muy pertinente el retrato de hombres como Breivik, porque como él mismo dice “Hay muchos como yo y seguirá habiendo” y si existen es muchas veces porque no los vemos o porque nos negamos a hacerlo. Nos siguen frecuentando hasta el momento, por ejemplo la última que nos enteramos fue del arresto de un hombre que había dirigido explosivos pequeños pero que no detonaron a figuras del partido demócrata en EU y después se supo que era un hombre plenamente identificado con las políticas de Donald Trump y con su idea de volver grandiosa a america, es muy oportuno mencionarlo ya que al ver 22 de julio me di cuenta que el terrorista noruego al centro de la masacre de Noruega cometió estos actos desde un discurso xenófobo y de odio en rechazo al multiculturalismo que en ese entonces promovía el primer ministro de Noruega y de alguna manera es un discurso de odio que se parece mucho a lo que alimentó a este otro hombre que comenté anteriormente. Creíamos que ya se había extinguido esta ideología de ultraderecha xenófoba y sin embargo cada vez más en el S. XXI vuelve a brotar en distintos puntos.

Greengrass hace una disección muy profunda sobre la violencia y tiene un acierto en la representación de Andrers Breivik en el sentido de que se ve como un hombre profundamente arrogante e infantil a pesar de ser tan peligroso y no causa de ninguna manera empatía y supongo que nadie podría sentir admiración o fascinación por él nisiquiera su propio abogado.

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