Michel Gondry, el director que juega increíblemente con tu mente

Director, escritor, productor, animador y creador de uno de los comerciales y videos musicales más representativos de nuestra época. Bienvenido al viaje visual que te introducirá Michel Gondry, muletilla de Björk y uno de los pioneros del Bullet Time.

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REVIEW: The Shape of Water, el alma del Toro.

Por Sebastian A. Gómez Garcini. 

Tenía 8 años cuando vi a Pedro Infante lamentarse por la muerte del Torito reflejado en los ojos llorosos de mi papá. Ahí me habló el cine. Sentí mi alma. Algo similar debió pasarle a Guillermo del Toro cuando en un pequeño cine de Guadalajara vio, por primera vez, El monstruo de la laguna negra. Ese “monstruo” entró en su torrente sanguíneo para quedarse nadando en el río acuífero de su alma.

Esa primer escena, donde entramos lentamente al departamento de Elisa Esposito y la contemplamos flotar sobre el agua, es, definitivamente, el mundo dentro del cuerpo de su director. La forma del agua es el alma del Toro. Podría pensar en varias razones por las que su película está situada en agua. Por ejemplo, la capital de su país, construida en agua y hundiéndose poco a poco, acercándose a su perdición ¿Será que al llegar a esta fatídica época, perdamos todo? O, tal vez, en el último momento, será el agua lo que nos salve. Bajo el zócalo se encontrará un fantástico imperio mexica imaginado por Guillermo en sus sueños más profundos. Un director que te obliga a imaginar estos escenarios, es un artista, es un humano conectando con las fibras de tu alma; La forma del agua, no es sólo una historia fantástica, es algo que conecta con mis pulmones, me deja sin aliento. 

En la sala, por un segundo limpié mi frente. Volteé al techo, y no, no había agua chorreando. Pero tal era mi fascinación, que habría adorado que Esposito y su amado anfibio, estuvieran gozando de sus cuerpos en una cama de agua sobre mi cabeza. Guerra Fría. Odio. Racismo. Amor. Fantasía. Belleza. Amistad. Tantos temas que desbordan de la pantalla como olas oceánicas dirigidas al corazón. 

Del Toro, nos dice basta. No vamos a soportar que el amor tenga etiquetas o colores o sencillamente razones. Queremos un mundo donde una mujer muda pueda enamorarse de un anfibio fantástico. Queremos un mundo donde el mudo sea tan feliz que un día, en la comodidad de su casa, la voz nazca desde sus entrañas y cante; ¡qué cante! La forma del agua, ya es, un clásico referente fílmico de la condición humana.